
Memento es la película que me hubiera gustado hacer.
Creo que es la mejor definición para una obra de la que me siento sobrecogido cada vez que la veo, entre otras cosas, porque es genial, redonda y perfecta.
Además, personalmente, el tema de la amnesia, realidades distorsionadas y los rompecabezas me chiflan. Eso es, en definitiva lo que es Memento.
Otra gran definición me la dio mi amigo Moisés, el cual, cuando le dejé la película, me recriminó al día siguiente, que se le había grabado ya empezada y que no entendía nada. Es la mejor manera de definirla.
Memento es la segunda obra del director Christofer Nolan, pienso que la mejor hasta la fecha. Nolan es un director de éxito; en todas sus películas se ha recuperado más dinero del invertido, sin tampoco hacer cine comercial de palomitas insulsas.
Sin embargo Memento, es una de esas películas apenas sin presupuesto que discurre perfecta hasta el final. Digamos que el espectador no nota que no hay ni un efecto especial, que no hay ordenador; el guión, los personajes, la dirección simplemente te abrazan y te llevan.
En ocasiones me recuerda al cine de Lynch, por lo perturbador y a Tarantino, por la dureza imprimida en la cinta; pero Memento es única.
Tiene esa maravillosa capacidad de seguir dándole vueltas cuando la película ya se ha acabado. Piensas en ella, tienes ganas de verla otra vez, crees que te has perdido algún detalle que, cuando vuelvas a verlo, podrás terminar el puzzle. Memento dura más de 90 minutos, vive en tu cabeza durante largo tiempo.
Nominada al Óscar al mejor guión (hubiera sido extraño que hubiera ganado ese premio), cosechó otros muchos galardones, reconociendo el guión y sobre todo la dirección.
Nolan nos ofrece otra forma de hacer películas, pero también de verlas, no todo lo que parece ser es; quizás todo el mundo nos intente engañar a la vez y sólo podemos creer en nosotros mismos.